sábado, 14 de noviembre de 2009

Amores en el diván

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Recordaba de reojo las cosas breves, dejaba morir sobre los teclados del piano las notas y los días de alegría, un nubarrón descansaba en sus pómulos, los hacía ver magros y menguados, no había quedado nada, sólo el desastre que sucinta la tormenta, el despido y un ciclón que muere en altamar. Recordaba el viejo amor, evocaba los vestigios de un poema, se le veía mirar el ventanal, divisando como el amor iba y venía, brotaba sobre las pieles mientras ella oculta tras un cortinaje esperaba sosteniendo firmemente el cable colgante de la persiana, esperando la vuelta de uno de tantos miles de destinos. No podía brotar de ella amor sólo montículos de polvo y sal.

Lejos en unos callejones de un país vecino, un espíritu yace tirado entre legajos de papeles de desecho, fárragos de letras sin sentido ni nacimiento, sólo una noche superficial en suelo parisino. Ha acabado, finitos sus parajes, rendido a una ampolleta de alcohol, vodka tomando su cuerpo, no fantasea ni juega, guarda la noche entre papel periódico. Sueña, sueña con volver las velas del tiempo atrás.

Ahora después de años de sequía, perviven las mentes que respiran a un tiempo dispar, a una se le fue el mundo y a la otra fue en busca de otro. Ella aguarda en el ventanal de cantera, silbando, interpretando las tocatas nocturnas de días añejos y él lejos ignorando los motivos de su huida, ¿huyendo quizá de un pecado mortal?, ¿cumpliendo el anhelo de los sueños viajeros? No importa. La ha tirado ya hace tanto tiempo, corriéndola de la terraza de su juventud y sin embargo continúa, mientras a él se le escapan lamentos en la harmónica que le dio su padre; ahora sólo logra conciliar el sueño dibujándola, escribiéndola como una de tantas notas mientras en un callejón abandonado, sucio, día a día la sueña.
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domingo, 12 de julio de 2009

Ocio


Se vierte entre mis brazos. Cera liquida se desliza por mi antebrazo. No estoy en lo absoluto. Me comerá. Tomará el abismo y lo inflará de antimateria. Pierdo la vista. Una revolución y toda percepción se vuelve confusa. Toco una sonata. Toco la mesa apolillada. Siento tejer. No hay razones para rechazarme. Una dolencia en el cuello evita que me aviste. Vorágine idiota, me toma por falto de equilibrio. Un arte invariable. Crítica imposible.

Preguntas fútiles, siendo cerros y más cerros de ceniza inoxidable. Me gano la vida como parapléjico testigo del mundo surreal. Fusión de una veintena de instrumentos de papiroflexia. Músico del aburrimiento, compositor del ocio. Bebedor incansable de lo caricaturesco. He perdido media tarde en rehacer lo risible. No he logrado avanzar al pasado. Siento dormir. Cansado. Me adormilo. Trayecto ineludible. Se recrea en mi sueño. Juego yoyo solo. Me ha encontrado y me ha perturbado. Ambos mundos sin alternativa. Despierto y se renueva la maldición del escaparate banal. Me veo como macaco jugando con las notas acústicas del mar. Combatiente de mi mismo con el tiempo agotado y reducido a pesadillas.

lunes, 4 de mayo de 2009

Te recuerdo...



Recuerdos vagos de una pandemia existencial. Imposible asirte entre los cauces de una justificación espiritual. Hurgando en la sequedad del presente actual, en la ausencia de civiles, peleas, azoteas y preseas de amor. Dormido, Limpiando guijarros sobre los cuadros mal pintados de un viajero. Buscando en las canciones más triviales, un poema, una esencia de tu corporeidad. Sólo hallé retazos de papel, amarillos por el sol, cercada aspiración con notas de sol, que amenazan con saltar a estribor.

 

Al final un retoño de tus cabellos floreciendo entre mis dedos. Cobriza y frágil la teoría estática de que vendrías. Esperé tu llegada, y sólo en el foso de un profundo aguardar melancólico, presiento que no te extraño, tan sólo sé que esperas en otra estación del metro. En una estación de otoño que siempre me sabrá a frío verano.