viernes, 21 de noviembre de 2008

Lejos del estío...

En el patíbulo, en el ventanal próximo al invierno, el viento de tu respiración me heló, tú gélida carne me ató al carbón incandescente vuelto nieve, dejándome moquiento, en la intemperie de tu muerte, fulminado y deshecho; vuelto cuarzo decorando las paredes de tu vientre.

Días de duelo.


Días de duelo con el silencio ingente. Aturdiendo la tarde con gritos guturales, camino entre los cuerpos, habitando las cañerías del mundo subterráneo, galopando sobre las nubes vueltas neblina, nubes opiáceas de sueños antárticos y deslices oníricos .

Otro día, otro intento, un nuevo brío, un nuevo cielo, una melodía electrónica en el aire, lo caótico de mi existir y lo más supremo en la palma de mi mano, entre las uñas mugrientas y el callo deshilachado.

Otro día en mi cielo, otro día en el fin del mundo.