viernes, 21 de noviembre de 2008

Lejos del estío...

En el patíbulo, en el ventanal próximo al invierno, el viento de tu respiración me heló, tú gélida carne me ató al carbón incandescente vuelto nieve, dejándome moquiento, en la intemperie de tu muerte, fulminado y deshecho; vuelto cuarzo decorando las paredes de tu vientre.

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